Cuando Justo López de Arregui era pequeño, vivía mucha gente en Añua. Las familias eran muy extensas. Su familia vivió en varias casas de alquiler. A finales de los 70, vivía muy poca gente, mucha emigró a las ciudades.
A mediados de los 80, Justo se empadronó en Añua para evitar que desapareciera el concejo, por no tener suficiente población. A finales de los 90 del siglo XX, se hizo una urbanización en Añua y vino a vivir más gente. Quedan pocas de las primeras personas que llegaron a la urbanización. Ha habido mucha rotación de gente que ha ido llegando y yéndose. Las personas tienen un ideal de "vivir en un pueblo" que no suele corresponderse, en muchos casos, con la vida real en los pueblos. La gente llega a los pueblos buscando ¿algo? que no hay en los pueblos. Los pueblos son otra cosa. Y hacer pueblo, es importante.
En Añua la vida en común se decide en el concejo. Las decisiones del concejo, en general, se toman por consenso. Hay mucho trabajo vecinal voluntario para gestionar competencias locales. Y también para recuperar elementos de patrimonio o que haya un legado a las jóvenes generaciones. Justo y Rubén Bravo son dos personas muy comprometidas con la documentación de los que fue y es Añua.
Antes: todo lo que se producía en el campo se consumía localmente: para el ganado y para las personas.
Ahora: la mayor parte de lo que se produce en las tierras no se consume aquí, va a cooperativas que son quienes definen qué sembrar, cómo tratarlo, cómo recogerlo...
Hoy si hubiera que trabajar en el campo como antes, no habría personas dispuestas a hacer ese trabajo.
El lado positivo de la mecanización del campo: trabajo no tan físico.
El lado negativo: de diez labradores y diez familias en el campo, se pasa a una persona de la casa que abarca y acapara muchas más tierras.
Antes, en el pueblo siempre se veía a gente. Ahora no ves a nadie
Antes la gente tenía que ir a la fuente. Era negativo (muy laborioso) y positivo (se hablaba con la gente).
Antes muchos más espacios de encuentro (aunque no hubiera "centro social"): Ir a misa: lugar de encuentro y de reunión. Después de la misa, se hacía concejo, se jugaba a los bolos, se iba al rosario, un rato de estar juntas. Hoy hay menos fiestas y celebraciones comunitarias. Hay centro social, pero hay menos motivos por los que la vecindad dedice encontrarse.
La gente con más arraigo en el pueblo, ha ido desapareciendo (se ha marchado a otros lugares o ha fallecido). Hoy en día es más difícil que el pueblo desaparezca. Hay muchas casas habitadas y mucha rotación de la vecindad. Pero poca vida en las calles del pueblo.
Recuerdos de infancia
El regalo de navidades era: una manzana, unos higos y unas pasas para hacer una compota.
Más tarde, les regalaban una anguila de mazapán.
Tenían muy poca ropa. Para los días de fiesta, se usaba la ropa y el calzado más nuevo.
La ropa se reutilizaba de los mayores a los pequeños
En el recreo de la escuela, iban a casa a cuidar del puchero. Dejaban la cocina prendida. Iban a echarle agua al puchero. Cuando salían del colegio y la familia volvían de la pieza, comían sobre las 13:00.
Cuando salía de la escuela por la tarde, a Justo y a sus hermanos pequeños les tocaba poner la cena y echar de comer a los cerdos, en unos calderos que ponían al fuego y se llenaba de berzas, remolachas, patatas.
Solían lavar la ropa una vez al mes. Usaban ceniza como blanqueante/lejía. El agua que salía, se utilizaba para fregar los suelos.
Cuando fallecía una persona, para desinfectar la ropa, hacían el sistema de la ceniza.
Las cuerdas de los haces y gavillotes se aprovechaban para hacer ramales (soga pequeña) y estropajos.
Los tizones de la lumbre, los echaban a los botines para que los zapatos no estuvieran tan fríos.
Cruces y caminos
A primeros de mayo se hacía una procesión a las 4 cruces de término de cada concejo y se clavaba la pequeña encima y se bendecían los campos. Justo fue de monaguillo y le tocó clavar algunas de esas cruces en el concejo de Añua. Las cruces se encuentran en el amino del Molino, en el camino de Itxua, en el camino de Troconiz (también conocido como Troconbide, Troconizbide), en el camino de Alegría.
La configuración de los caminos ha cambiado a lo largo de los años, con la concentración parcelaria, recientemente. El camino de Itxua está más o menos como era, hasta el puente. Antes iba derecho a Andollu. Pero ahora hay una pieza. ¿Pudo ser Añua en algún momento de la historia lugar de paso del Camino de Santiago? Justo habla también del Camino de Los Arrieros. Con la llegada de los trazados de las carreteras modernas, otros caminos más antiguos quedaron en desuso. Y algunos concejos quedaron peor conectados con otros.
Cuando el ganado iba andando a la Feria de Salvatierra, pasaba por Añua y se paraba a beber agua en la fuente del abrevadero, que se hizo en los años 30 del siglo XX.
Justo López de Arregui recuerda a su maestra Natividad Sardón Sáenz de Nanclares. Fue maestra durante el franquismo. Era buena. Venía en tren desde Vitoria hasta Andollu. Y, de allí, en bicicleta hasta Añua. También recuerda a Cándida, que era la jefa de estación del Trenico, que era muy amable y les guardaba en la estación las botas llenas de barro que dejaban en la estación y se ponían unos zapatos limpios para ir a Vitoria.
Felisa(1904 – 1988), fue una mujer que tras quedarse viuda muy temprano sacó adelante a sus seis hijos e hijas trabajando duro en el campo ella sola. La gente del pueblo recuerda que siempre que alguien necesitaba algo, ella estaba abierta a colaborar y a ayudar en la medida de sus posibilidades. los vecinos y vecinas recuerdan la casa de Felisa como uno de los lugares más acogedores del pueblo. Felisa también colaboraba en las actividades o tareas sociales que surgían en Añua. Por ejemplo, cuando un vecino o vecina fallecía, ella siempre colaboraba en los preparativos del funeral. En aquellos tiempos acudían varios curas a estas misas, y las mujeres solían prepararles una suculenta comida para agradecer su asistencia, y entre ellas siempre se encontraba Felisa.
Para Rubén Bravo, es muy importante María Tecla Francisca Pérez de San Román López de Larrinzar. (8 de octubre de 1713), hija de Bartolomé y Catalina, nacida en San Román de San Millán SAN MILLÁN, porque es el origen de su casa, la casa es de los Diaz de Aranguiz en Añua. En realidad, sería Pérez de San Román, pero por ser mujer, se pierde el apellido. Se casó con Andrés Ruiz de Munain Lopez de Eredia y tuvieron a Francisca Ruiz de Munain Perez de San Roman (1753-09-06) que nació en Añúa. Francisca se casó el 15 de noviembre de 1780 con el primer Diaz de Aranguiz: Alejo Diaz de Aranguiz Ochoa de Olano.
María Díaz de Aranguiz (1907–1995) vivió una vida marcada por la dureza y el sacrificio. Criada en una familia autoritaria, desde pequeña asumió grandes responsabilidades, como cuidar a su abuelo paralítico desde los 7 hasta los 15 años. Su padre, viudo y estricto, la obligó a casarse con un joven del pueblo para asegurar descendencia masculina, bajo amenaza de casarse él mismo con la madre del joven. Se casó a regañadientes y quedó viuda al año, criando sola a su hija mientras trabajaba sin descanso en el hogar y en el campo. Su situación económica fue precaria, dependiendo de su padre incluso para lo más básico. A pesar de ello, se esforzó por darle a su hija una vida y educación mejores que la suya. Pasó sus últimos años enferma, trasladándose a Vitoria en 1985. Fue una mujer de carácter fuerte, sincera y dedicada a su familia, especialmente a su hija y nietos. Su historia representa la de muchas mujeres que enfrentaron la vida con valentía y sacrificio en soledad.
Su hermana Emilia Díaz de Aranguiz, soltera y también sin recursos, vivió con María hasta su muerte a los 55 años. En aquellos años, las familias del pueblo se turnaban mes a mes la tarea de tocar las campanas de la Iglesia. Cuando su padre se hizo mayor, era la propia Emilia la que se encargaba de esta tareas y así fue la primera, o una de las primeras mujeres campaneras de la zona.
Normalmente, no les estaba permitido a las mujeres realizar dichos trabajos destinados a los hombres, tal y como ocurría también con la vereda. En estos casos, pagaban a su primo para que fuera él como representante de la casa, l
Rubén nos recuerda varias canciones-jotas que cantaba su abuela María Díaz de Aranguiz. Plasmada en el mural que se ve al atravesar Añua por la carretera, está una de esas jotas:
Por echar cuatro cantares
a la puerta de un molino,
me dieron cuatro reales,
y me molieron el trigo.
Para Rubén es también una mujer muy interesante María Sáenz Catalán, casada con Domingo de Lazcano, embajador en Portugal, vivieron en Añua y tuvieron cuatro hijos: Juan Sáenz de Lazcano (1556), Francisco (1559), Julián (1561) y Bernardino (1564). Curiosamente, llevan el apellido de la madre primero! Estas fechas coinciden con la creación Ermita de San Adrian (y santa Lucia).
Esta mujer le parece increíble a Rubén porque se embarca, hacia Las Molucas y falleció en Las Indias. Su abuela, María, que es de 1907, tardo mas de 75 años en ver el mar, y fue porque le operaron en Donostia. Sin embargo, una mujer en 1560 y tantos, que vivió (posiblemente en la Casa de los Lazcanos) y tuvo cuatro criaturas en Añua, casi de la vuelta al Mundo.
Domingo de Lazcano era hijo de Felipe de Lazcano, señor de Lazcano, Contrasta y Arana. Nacido en 1502, es apadrinado por la reina doña Juana y su esposo Felipe I. Contrae matrimonio con Elvira de Gauna, hija del coronel Cristóbal de Zamudio y de Catalina de Gauna.
Un gusto conocer con Justo y con Rubén el río, desde dónde se canaliza el agua para la fuente del pueblo, y el molino de Añua. Se conserva bastante bien, pese a no haber sido rehabilitado.
Su ubicación ya aparece en Google Maps. La charca de Santa Lucía que hay tras el molino es espectacular. Justo nos decía que era el lugar de baño cuando eran pequeños.
Las casas se vendían con derecho a bique “Casa con bique”. Cada casa tenía la llave del molino unas 24 horas, para poder hacer uso de él. La llave iba por "renque" rotando por las casas según las agujas del reloj.
El molino tenía dos piedras, una para pan "blanco" (alimentación de personas) y otra para "negro" (alimentación de animales). Durante la guerra, se molía de noche la harina para otras vecinas y vecinos de otros pueblos. En Argandoña, no tenían molino: les mandaban el grano y lo molían.
El molino funcionó hasta los años 60 del siglo XX. La abuela de Rubén le contó que cuando cerró el molino en Añua, iban a Alegría y luego a "Molinuevo", o a Salvatierra con el tractor a moler.
Anécdotas
Cuando se dejó de moler, ya empezó a venir el panadero. Patxi que iba con su burro, a quien le daba miedo cruzar el puente de Añua. Y en alguna ocasión, se cayó el pan al río, lo recogieron y lo secaron en la cocina económica.
En el molino había muchas ratas y ratones. Alguna de ellas terminaba siendo molida. Al cernir o tamizar la harina notaron algo raro, pero con el hambre que había en aquella época, ¡no iban a tirar la harina! ¡Con el hambre que había! Origen de las barritas energéticas :-)
El panel informativo sobre el molino que hay en el Centro Social (sala de concejo) está muy bien para conocer sus distintas partes y su funcionamiento.
El Licenciado Martín Gil en su visita de 1556 menciona una ermita dedicada a San Adrián con una cofradía y sin renta. A pesar de su relación con Eguileta, Hijona y Trokoniz por motivo de la comunidad de La Laurea, en la visita solo aparece adscrita a Añua (Gil Abad, 2021:63)
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La comunidad de La Lauria o La Laurea, compuesta por los concejos de Egileta, Hijona, Trokoniz y Añua, se reunían en torno al 22 de junio en la ermita para tratar lo concerniente al cuidado y reparto de leña del monte Laurikobasoa que lo poseían en común.
En cuanto a la información documental, existen dos libros de cuentas de la Comunidad de la Laurea, que abarcan desde 1780 a la actualidad. Había otro anterior que ha desaparecido. Todas las reuniones se realizan en la ermita. Los ingresos provenían de la venta de leña y, en menor medida, de multas impuestas en el aprovechamiento forestal. (Gil Abad, 2021:64)
Justo recuerda que antes había cuatro romerías. Las dos Santa Lucías, San Adrián y San Isidro (subían todos los pueblos, hacían misa, había bolera). El retablo de la ermita de Santa Lucía y San Adrián desapareció. Era pequeño y tenía un arco. Por detrás se cambiaba el cura.
Durante más de 200 años se iba Aranzazu el día de San Juan. Se subía caminando, en burros. También aparece documentado en los libros que el presidente iba a San Gregorio a coger agua. Aparecen registrado en el libro de cuentas los gastos del viaje de coger el trenico. Ese agua se utilizaba para bendecir los campos. El presidente de La Lauria también compraba las cruces para los 4 pueblos (16 cruces). A primeros de mayo se hacía una procesión a las 4 cruces de término de cada concejo y se clavaba la pequeña encima y se bendecían los campos. Justo fue de monaguillo y le tocó clavar algunas de esas cruces en el concejo de Añua.
Gracias al trabajo de recuperación y puesta en valor del patrimonio por parte de Justo, Boni, Rubén, el taller de belenistas de Elburgo y otras personas, se ha podido conservar y recuperar parte del patrimonio.
Unai Ugarte en 2022 hizo una cobertura en Herrian de Radio Vitoria, con muchos testimonios de vecinas de los cuatro concejos que participaron en la romería.
Belén que recrea lugares emblemáticos de los concejos del municipio de Elburgo
Algunos de los belenes expuestos.
La iglesia de Añua es una de las iglesias que más sorprende a quienes se adentran en el arte medieval de Álava. Su ábside es uno de los ejemplares más ricos que tenemos en toda la Llanada Alavesa, donde confluye el saber hacer de un románico ya avanzado con las nuevas líneas y propuestas del gótico. (Fuente: Ondare Irekia)
Rubén Bravo nos muestra los paneles informativos sobre lo más relevante de la historia de Añua para que todas las personas puedan conocer más la historia del concejo. Aunque es una suerte que Rubén nos lo cuente en primera persona. ¡Gracias por el trabajo de recuperación y divulgación que estáis haciendo!
Entre sus labores de divulgación, Rubén y su hermano han recopilado diversas rutas realizadas por la vecindad del municipio de Elburgo, recopiladas en el blog 7 pueblos 7 rutas (7hx7i)
Información extraída de la enciclopedia Auñamendi: El Arca de Misericordia es una institución eminentemente alavesa cuyo origen se remonta a muchos siglos atrás y cuyas ordenanzas fueron dictadas por el Obispo de Calahorra y Santo Domingo de la Calzada, D. Juan Vernal de Luco, el año 1554. Constan esas ordenanzas de 37 capítulos, y en ellos se ordena a los curas párrocos de los pueblos donde hubiere Arcas de Misericordia que hagan anualmente una lista de las personas necesitadas, a las cuales el Arca de Misericordia deberá socorrer se determina que a las personas necesitadas no se les podrá dar de una vez más de tres fanegas de trigo, con el fin de que se pueda socorrer al mayor número de personas. Las personas que fueren socorridas deberán devolver al Arca lo que les fue dado, más un celemín de trigo por cada fanega que llevaron...
Nati menciona que en Hijona hay otra. Gracias a Herrian hemos descubierto otra en Monasterioguren. ¿Conocéis más? Podéis indicar los nombres como comentario a este artículo. Gracias!
Esto es un atardecer de Añua en invierno, a mí me gustan mucho los atardeceres porque en cada estación es diferente cada uno con sus colores rojizos ,anaranjados,rosados y más. Aiala
Mediante la historia de vecinas y vecinos que crean un grupo para recuperar la tradición campanera en el municipio de Elburgo-Burgelu (Alava), se repasa también la historia misma del municipio en el Siglo XX, con testimonios de vecinas y vecinos más mayores de los pueblos de Elburgo, Hijona, Añua, Gáceta, Argómaniz y Arbulo.
El 25 de Junio de 2017 se organizó en Añua el primer encuentro de campaneros, y se le hizo un homenaje a Bonifacio Jausoro, campanero de Añua. A Boni Jausoro, vecino del concejo de Andollu, le enseño su padre a tocar las campanas, primero ensayando en casa con las cucharas de casa. Ahora ha transmitido su pasión a su sobrino, Jon Jausoro, y a numerosos vecinos y vecinas del entorno de la Cuadrilla de Llanada Alavesa. En esta entrevista en Radio Vitoria, Boni y Jon describen la situación crítica por la que pasa este hobby o afición tanto por la mala situación de las infraestructuras de las torres de los campanarios, como del estado de conservación de las campanas, así como de la media de edad de los campaneros.
Justo López de Arregui nos recordaba en este artículo a Emilia Díaz de Aranguiz, como una de las primeras mujeres campaneras de la zona. Cuando su padre se hizo mayor, y le tocaba a la familia tocar las campanas de la Iglesia de Añua, era la propia Emilia la que se encargaba de esta tarea.